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El Elemento Clave

“El precio de la grandeza es la responsabilidad”.

-Winston Churchill

     

      El mundo se enfrenta con mayor frecuencia a nuevos desafíos que vuelven cada vez más competentes a profesionales en diversos campos. Para ello, se requiere un compromiso de la práctica de valores en la vida personal para el ámbito laboral; de este modo, la responsabilidad es la “capacidad existente en todo sujeto activo de derecho para reconocer y aceptar las consecuencias de un hecho realizado libremente” (Real Academia Española, s.f., definición 3). En otras palabras, este hábito perfeccionado se convierte en una virtud, y así surgen como una estrategia para consolidar y posicionar la visión que busca la ciudadanía; es decir, la responsabilidad se ve demandada en el perfil de un profesional emisor de la información. En ese sentido, Arévalo y Cancelo (2018) señalan:

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Los medios de comunicación no sólo generan una imagen e interpretación de la realidad, sino que, en la actualidad, son demandados como empresas mediáticas cuya responsabilidad social radica en dar respuestas en base a su propio ejercicio profesional en una sociedad de garantías democráticas. Esto supone (...) el desafío de ir más allá de una función puramente instrumental y de generación de opinión en el ámbito mediático y, a su vez, el compromiso con sus clientes de responsabilidad social en sus actividades. (...) deben generar e implementar valores comúnmente reconocidos como válidos y necesarios: democracia, imparcialidad, justicia, solidaridad, etc. (p. 1052)

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     De acuerdo con lo anterior, considero que un comunicador profesional tiene la necesidad de desarrollar de manera activa sus enfoques frente a la sociedad y así ilustrar el valor de la responsabilidad para ampliar perspectivas de opiniones que permitan analizar de manera consciente al ciudadano. Por esta razón, el propósito de esta investigación consiste en reflexionar sobre la formalidad social que conlleva ser un gestor de procesos comunicativos.

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La comunicación como elemento primordial

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     Las aptitudes de un profesional dependen de criterios indispensables que reflejan a qué eje estratégico se permanece enfocado. Por ejemplo, debido a la coyuntura actual en la que se encuentra el mundo, la información es fundamental como guía de entendimiento en la sociedad; es decir, las personas con vocación en las ciencias de la comunicación han subrayado una contribución eficaz. Se debe agregar que, los comunicadores no solo son primordiales en situaciones de incertidumbre; también, son importantes en la posición de cualquier estrategia que implique brindar información de intereses particulares. De igual manera, el poder que adquieren los medios de comunicación, quienes tienen un gran nivel de impacto en las opiniones debido al rol comunicativo que cumplen respecto a su misión social, deben de situarse divididos para que puedan ser limitados y carecer de una manipulación de conocimientos. Así, un sano equilibrio de mantener y preservar la veracidad y justicia es una competencia sustancial sujeta a un comunicador.

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     En tal sentido, la responsabilidad que tienen los estrategas informativos en la sociedad se marca a manera de una filosofía, ya que se plantea como una forma de vida que involucra tomar en cuenta decisiones sobre el ámbito físico y social (Polo, 2019). En otras palabras, ser un comunicador responsable con la entidad ciudadana significa ser consciente de los daños hacia un individuo o círculos sociales. Además, la fuente tiene un papel importante al mantener informada a la comunidad y al hacer conocer la opinión de estos en un ámbito más amplio de un contexto determinado.

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     La acentuada relación de involucrarse en líneas de esta virtud conlleva a, como se mencionó anteriormente, una suma de responsabilidades frente a la sociedad, ya que los convierte autónomos; esto significa, hacer una mejor elección en las riendas de la vida para desenvolver identidades de proyección en la formación de cada persona. Asimismo, la práctica de este valor se vincula inherentemente con la tecnología, y no con la necesidad de estar vinculado a un aparato electrónico; también, en un pensamiento estratégico para que surjan ideas creativas y analíticas. Es por ello, que los comunicadores deben de valorar los diversos puntos de vista para no llegar a una ofensa hacia la audiencia. Debido a ello, a pesar de posiciones opuestas del público, los profesionales en esta destacada carrera deben tener la obligación moral de difundir con veracidad, imparcialidad y equidad para promover e invitar a una posición crítica y reflexiva. De ese modo, se llega a un conocimiento parcial y ético para convivir mejor y promover una participación ciudadana de manera, por el mismo hecho, responsable.

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La libertad convertida en responsabilidad

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     Para comprender mejor y hacer un énfasis, la libertad de expresión, requiere de una mayor responsabilidad de información; es por ello, que en el informe McBride (1980) se hace un marco centrado en el rol responsable que debe de cumplir un periodista; por consiguiente, este documento hace una referencia particular a la importancia que cobra la ética en la fuente y en los propietarios de los medios de comunicación como responsables de la producción del contenido público que emiten. Los acontecimientos que se posicionan deben ser delegados con sabiduría; sin embargo, la aclaración de responsabilidad debe de estar sujeta en cada individuo, ya que es asumir sin dudar de las herramientas potenciales con las que cuenta cada persona para aplicarlas. En las mismas circunstancias, un profesional comunicador tiene el deber de no asumir responsabilidades ajenas, sino enseñar a utilizar determinados mecanismos para que el público objetivo sepa aceptarlas como propias.

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     En suma, haber introducido el concepto de la responsabilidad y la aplicación primordial que hacen los profesionales en la comunicación frente a la sociedad con una ética intachable, ayuda a analizar los principios orientados a decir la verdad y no tergiversar la información; por ello, es vital integrarla como estrategia de crecimiento en la toma de conciencia ciudadana con una función social desde las perspectivas del equilibrio de la información. En efecto, moldear la indagación a la altura de la ética que se les asigna a cada científico en la comunicación.

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Referencias:

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Arévalo, R. y Cancelo, M. (2018). Los medios de comunicación y su responsabilidad social organizacional en

Iberoamérica. Estudios Sobre El Mensaje Periodístico, 24(2), 1043-1055. https://doi.org/10.5209/ESMP.62201

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MacBride, S. (1980). Un solo mundo, voces múltiples: Comunicación e Información en nuestro tiempo. Fondo de

Cultura Económica. http://www.unla.edu.ar/documentos/centros/macbride/Informe_MacBride_espanol.pdf

 

Palacios, V. (2020). Desafíos éticos de los comunicadores en la era digital. En Universidad Politécnica Salesiana.

(Ed.), Derechos a la comunicación: ética y competencias del comunicador (pp. 46 - 60). Editorial Universitaria Abya-Yala. https://dspace.ups.edu.ec/bitstream/123456789/18701/1/Derechos%20a%20la%20comunicacion%20.pdf#page=46

 

Polo, M. (2019). La responsabilidad ética. Veritas, (42), 49-72

https://dx.doi.org/10.4067/S0718-92732019000100049

 

Real Academia Española. (2014). Diccionario de la lengua española (23a ed.)

https://dle.rae.es/responsabilidad

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